EL AZABACHE COMO PATRIMONIO INMATERIAL

Para entender el significado con el que aplicamos a este término debemos acudir a la definición dada por la UNESCO en la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de París (17 de octubre de 2003), ratificada por España en 2006. Adoptada e integrada por el Ministerio de Cultura de España en el Plan Nacional para la salvaguarda del Patrimonio Inmaterial (publicado por el IPCE en octubre 2011):

«Se considera Patrimonio Cultural Inmaterial los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes– que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana».

La Cultura del azabache, en su vinculación al Camino de Santiago, que ha llegado a nuestros días, es resultado del arraigo y crecimiento de un conocimiento sensible, relativo a la percepción y al trabajo del material y sus formas; y un conocimiento conceptual, vinculado a las cualidades, propiedades y valores que, con carácter universal, se le han atribuido como materia prima. Un conocimiento generado, producido, acumulado y transmitido durante miles de años y cuya riqueza radica en una constante evolución ligada al entorno, la interacción con la naturaleza y la historia de cada momento, infundiendo un sentimiento de identidad y continuidad entre sus portadores, que ha llegado hasta nuestros días.

Eliseo Nicolás tallando una concha de peregrino.

Autor: Luis Lafuente

El Camino de Santiago, como conjunto de rutas de peregrinación cristiana de origen medieval, y especialmente el Camino del Norte, a través de Asturias y Galicia (Santiago de Compostela), como área cultural más destacada, ha sido el eje espiritual y cultural que ha proporcionado mayor impulso y desarrollo a la transmisión de la cultura azabachera en todas sus facetas, contribuyendo a su arraigo y mantenimiento como cultura y tradición viva.

Como manifestación cultural de carácter inmaterial ha sido transmitida y recreada de manera más o menos constante desde la prehistoria por comunidades y grupos vinculados a la actividad artesana, la minera, la comercialización, y por personas e instituciones afines a la investigación y documentación de este rico y, en ocasiones, oscuro mundo. No debe desdeñarse el papel que, en esta larga cadena, han podido desempeñar los propietarios de piezas en azabache, que las portan o guardan, tanto como joya ornamental, como por las distintas cualidades y/o propiedades atribuidas, siendo un material que ha sido objeto de atesoramientos, pudiendo documentar arqueológicamente la presencia de piezas con varios siglos de antigüedad en yacimientos o necrópolis en contextos de cronologías más recientes. Además en la actualidad se mantiene esta tendencia siendo diversas piezas religiosas, como rosarios, o ligadas a la indumentaria tradicional, como pendientes, collares etc. heredadas de generación en generación hasta nuestros días. Igualmente es importante destacar el papel de los museos, centros culturales o depositarios de carácter tanto nacional como internacional, que conservan piezas de diferente grado o interés por su valor histórico, artístico o de cualquier otra naturaleza cultural, y que contribuyen a difundir los conocimientos y prácticas relacionadas y afines a esta cultura milenaria. Especialmente interesante es la red cultural que podemos establecer en torno al Camino de Santiago como vehículo para estas manifestaciones, pudiendo rastrear la presencia de esta huella material en inmaterial de forma universal. Puede, además, esta manifestación cultural, permanecer viva, mediante una experiencia estética de las piezas de artesanía, joyería u obras de carácter artístico en las que pueden intervenir otras referencias sensoriales.

Niña vestida con indumentaria tradicional, luciendo un collar de azabache.

Autor: Emilio Alonso, en Colunga (1930)

Fuente: Fototeca del Museo del Pueblo de Asturias.

www.fondos.gijon.es

Anciana con tradicionales pendientes de oro de azabache.

Autor: José Prado Norniella, 1917.

Fuente: Fototeca del Museo del Pueblo de Asturias.

www.fondos.gijon.es

Mujer luciendo pendiente tradicional asturiano en la actualidad.

Autor: Acebache Llantones

www.facebook.com/acebachellantones

En la actualidad la joyería ligada al azabache ha evolucionado hacia formas más contemporáneas, y adaptadas a públicos diversos, gracias también a la labor innovadora de artesanos que abrieron un camino de posibilidades antes no exploradas como fue el caso de Eliseo Nicolás “Lise”, presidente de la “Asociación Acebache” hasta su fallecimiento en 2012, fue referente en lucha constante por la apertura de una mina y la puesta en valor de este patrimonio. Como artista creó combinaciones y diseños totalmente novedosos, que supusieron un antes y un después para la artesanía azabachera asturiana y hoy sus diseños siguen siendo muy recreados por muchos artesanos. Sus piezas se han convertido en auténticos objetos de coleccionismo.

Eliseo Nicolás “Lise” trabajando en su taller y diversas piezas elaboradas por él.

Autor: Luis Lafuente.

www.academia.edu

Piezas siguiendo las formas de tradición Compostelana y supersticiosa (vieira, cruz de Santiago e higas) del taller de Miguel Franganillo (Gijón, Asturias).

Autora: Andrea Menéndez Menéndez

El azabache sigue teniendo un peso importante en las comunidades ligadas directamente a esta materia prima, y también fuera de ellas, con un uso, casi siempre, con una doble o triple vertiente, tanto ornamental, como religiosa, ligada al Camino, o supersticiosa en torno a sus atributos mágico-protectores. Por este motivo algunas formas clásicas, como vieiras o cruces de Santiago y fundamentalmente las higas (ciguas o figas), y otras formas con fin protector, pueden encontrarse entre productos muy heterogéneos, y no solo a nivel peninsular, sino en otros lugares como Sudamérica, donde además de piezas de origen peninsular se pueden encontrar las mismas formas recreadas en materiales locales, como por ejemplo el llamado azabache venezolano, material afín, con similitudes macroscópicas, cuya denominación y propiedades mágicas atribuidas, como elemento protector contra el mal de ojo es una herencia histórico-cultural que pone de manifiesto las conexiones en torno a esta cultura, que han transcendido fronteras y temporalidades llegando a nuestros días. Incluso cuando parte de ese legado se ha perdido parcialmente en torno al uso de una materia prima tan singular alejados de los centros productores, perviven tradiciones y creencias sesgadas pero que pueden ser rastreadas y asimiladas a esta cultura en el uso de formas y de otros materiales negros atribuyéndoles similar significado.

El conocimiento en torno a la explotación, talla y uso del azabache ha pasado de padres a hijos o de artesanos a aprendices, en los centros productores, como en Asturias, muchos de ellos ligados a un ambiente eminentemente rural, en el que los trabajos eran realizados de forma mayoritaria por familias de forma estacional, en alternancia con actividades ligadas a la ganadería y la agricultura principalmente. En el caso asturiano ese legado permanece latente en los herederos de ese pasado, principalmente en el entorno de Les Mariñes de Villaviciosa, que formaba parte de la vida campesina, en cuya actividad participaban hombres, mujeres y niños ejecutando tareas diversas. Técnicas, formas y saberes, respecto al oficio, son compartidos en centros productores de estas materias primas y en otros centros de transformación de los productos, a nivel nacional e internacional, al igual que en cuanto a su significado y uso.

Trabajo de mujer y niña escogiendo materiales de la escombrera. Ilustración con texturizado de fragmentos de azabache.

Autora: Andrea Menéndez Menéndez

Bocamina abandonada. Zona donde finaliza la Ruta del Azabache.

Autora: Andrea Menéndez

Zona minera de Erzurum, en Turquía, actualmente en explotación.

Fuente: Andrea Menéndez Menéndez

www.academia.edu

Tanto en el caso inglés, como en el español, todas las minas de azabache cerraron oficialmente entre finales del siglo XIX y las dos primeras décadas del XX. Un siglo en el cual el abastecimiento de los artesanos que han seguido trabajando con material local, ha sido, como épocas pasadas, los argayos de los acantilados, proveedores no oficiales, sin ningún tipo de garantía o las escombreras centenarias de desecho ubicadas en las bocaminas de la zona mariñana, testigo de esplendores pasados, de las que ya se afirmaba que estaban prácticamente agotadas en los años 70 y 80 del siglo XX; lo que ha limitado el desarrollo de esta artesanía y el tamaño de las piezas a elaborar. Hoy por hoy, lamentablemente no existe una forma de aprovisionamiento oficial del material local en estos dos importantes focos productores, por lo que en cuanto al origen de la materia prima de los productos en el mercado, la única garantía es exclusivamente la palabra del propio artesano.

No tenemos datos que nos permitan afirmar cuando comienza la explotación minera propiamente dicha de esta materia  prima en la península ibérica. Se ha encontrado material en bruto junto a piezas elaboradas en varios yacimientos arqueológicos en etapas tempranas, pero entendemos que la explotación de la materia prima se haría posiblemente mediante la recolección de material en afloramientos en superficie, o en las playas y argayos de los acantilados, tal y como lo hacen hoy en día algunos artesanos, no teniendo, hoy por hoy, evidencias arqueológicas de una explotación minera como tal, anterior a la relacionada ya con el Camino de Santiago y fechas posteriores. En el caso asturiano, por el momento, la noticia documental más antigua sobre una concesión minera relativa a esta materia prima data de la primera mitad del siglo XV, mientras en el caso inglés se ha determinado que la explotación de las minas como tal, no comenzó hasta el siglo XIX. Para el estudio actual del legado minero, ya desaparecido en buena parte de los antiguos históricos centros productores, es de especial interés analizar otros puntos geográficos donde esta industria minera se mantiene todavía viva, aunque en retroceso. Es el caso, por ejemplo, de Turquía, donde las angostas galerías de las minas de la zona rural de Erzurum son todavía parcialmente explotadas de manera tradicional, con herramientas rudimentarias y también con carácter estacional, como sucedía en el caso asturiano, pudiendo establecer interesantes paralelismos y estudios comparativos de carácter etnográfico.

La talla del mineral se ha realizado con herramientas rudimentarias hasta tiempos relativamente recientes y similares en diversos centros productores ya citados. Hoy en día se han incorporado herramientas mecánicas que cada artesano adapta según sus necesidades, pero hasta hace relativamente poco, en algunos centros, las técnicas no diferían demasiado de las usadas en el pasado, con herramientas sencillas, como cuchillos o navajas, a las que se unían otras que  pueden ser rastreadas arqueológicamente en épocas diversas, como el taladro y torno de arco o el parahuso vertical. En el caso de Turquía por ejemplo, el trabajo se realizaba de forma individual y se utilizaban tornos o taladros de arco o manivela, hoy sustituidos por herramientas mecánicas en algunas partes del proceso. Este tipo de tornos, taladros o parahúsos han sido utilizados desde la prehistoria y en épocas posteriores.

1). Recreación de uso del taladro de arco, torno y parahuso, para perforación y decoración en época tardoantigua. 2). Monje artesano alemán utilizando taladro de arco para talla de cuentas de madera en el siglo XV. 3). Recreación del uso del banco de azabachero tradicional asturiano con taladro de arco. 4). Maestro artesano turco İsrafil Gümü mostrando el uso de un taladro o torno de arco. 5). Artesano marroquí usando un torno de arco con los pies.

Autora y fuente: Andrea Menéndez Menéndez

www.academia.edu

En el caso inglés, ya en el siglo XIX existían grandes talleres ligados a la alta demanda de la moda victoriana, que utilizaban sistemas más sofisticados y parcialmente mecanizados, donde se agrupaban varios trabajadores para realizar diversas tareas en cadena; pero también existían talleres individuales más modestos. En los años 70 se localizó en un desván, durante unas obras, un taller original que había sido preservado intacto. Hoy en día puede visitarse en uno de los talleres de la ciudad.

Arriba, de izquierda a derecha, el emblemático artesano asturiano Eliseo Nicolás “Lise” en su taller, fallecido en 2012. Artesano inglés, Hal Redvers-Jones, referente del trabajo en azache en Whitby. Artesano İsrafil Gümü deTurquía en su taller. Tito Torres Loreto, artista venezolano. Abajo izquierda artesana asturiana Carmen Valdés en su taller. Derecha, dos piezas en fase de elaboración y ya terminadas de esta artesana.

Fuente: Andrea Menéndez Menéndez. 

www.academia.edu

El caso asturiano destaca por una forma de trabajo muy característica y singular en la que el protagonista es un elemento denominado “banco de azabachero”. Este elemento era una suerte de “taller móvil”, que podía situarse en cualquier parte de la casa, en un cobertizo, cuadra o fuera de ella; por lo que no existía necesariamente un taller de azabachero al uso, como en otros lugares. Adaptado al banco se usaba un taladro de arco para perforar y pulir. El trabajo estaba ligado al uso de herramientas rudimentarias como navajas, limas, etc. Aunque era un trabajo que se ha ligado especialmente al género masculino, también había mujeres azabacheras. Asimismo la mujer, entre otras actividades del oficio, solía realizar el bucido, que era dar forma a la pieza frotando con una piedra de grano húmeda para cerrar los poros, uno de los trabajos más duros del proceso. A mediados del siglo XX se introdujeron ya algunos tornos mecánicos, aunque no se dejó de utilizar el banco por parte de algunos artesanos. Este legado sobre el trabajo tradicional fue detalladamente recogido y publicado por Valentín Monte Carreño en los años 80.

Taller de azabacheros en 1860. Whitby.

www.thewhitbyguide.co.uk

Aunque hoy en día son herramientas que ya no se usan por parte de los artesanos que trabajan con azabache, este conocimiento sí ha trascendido de forma oral y se mantiene todavía vivo, gracias a algunos pocos amantes de esta cultura, como por ejemplo la azabachera Begoña Gutierrez Fombella, que adquirió el conocimiento de las formas de trabajo tradicionales de la mano del conocido azabachero ya fallecido Avelino Solares A su vez ella ha transmitido este legado, en múltiples exhibiciones, cursos y talleres especializados a nivel nacional e internacional. O el cantero Oscar Fandos, que además de ser instruido por Solares, también heredó un banco y algunas herramientas.

Izda. Azabachera Begoña Gutiérrez Fombella en la actualidad perforando una cuenta con el taladro de arco en el banco tradicional de azabachero.

Dcha. Oscar Fandos, Maestro Taller, trabajando con navaja en un banco de azabachero heredado de Avelino solares, durante una exhibición realizada para este proyecto, en una visita a la zona minera de Oles.

Autora: Andrea Menéndez Menéndez

En resumen, la cultura del Azabache forma parte de nuestro Patrimonio Cultural inmaterial y los poderes públicos son conscientes y conocedores de ello, motivo por el cual, a instancias de INCUNA, el Gobierno del Principado de Asturias, ha promovido en 2020 su estudio y documentación con el fin tramitar su declaración como Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial.

Es por todo ello, que INCUNA, haciéndose eco de este necesario consenso colectivo, ha decidido promover e impulsar la cultura del azabache, en peligro de extinción y su vinculación con el Camino de Santiago, como patrimonio cultural inmaterial, creando mediante el presente proyecto una plataforma que intenta documentar, reunir y difundir de una forma visual y holística el conocimiento de esta rica y ancestral cultura, contribuyendo a mantenerla viva, con el fin de poder seguir experimentándola en el presente y deseando que tenga una continuidad en el futuro.

Referencias:

 

  • Ministerio de Cultura. www.culturaydeporte.gob.es
  • Menéndez Menéndez, Andrea (2019). Aproximación histórica y tipológica al uso del azabache, y otros materiales afines, durante la época romana y la Tardoantigüedad en la península ibérica, Nailos. Estudios Interdisciplinares de Arqueología (6),123-203.  www.academia.edu
  • Menéndez Menéndez, Andrea (2019). Patrimonios culturales en peligro de extinción. La cultura azabachera. XI Congreso Internacional. Bienal Ibérica de Patrimonio Cultural 2018. www.academia.edu
  • Menéndez Menéndez, Andrea (2021). ”Aproximación al pasado, presente y futuro de la industria azabachera, un patrimonio cultural, material e inmaterial, en vías de extinción”. I Simposio Anual de Patrimonio Natural y Cultural ICOMOS España. Madrid.  www.academia.edu
  • Monte Carreño, Valentín (1986). Azabachería asturiana, Oviedo
  • Monte Carreño, Valentín (2004). El azabache, piedra mágica, joya, emblema jacobeo. Editorial Pico Urriellu